Metamorfosis

Un portafolio es algo fundamental. Un espacio para presentar tus habilidades. Algo que parece muy fácil de implementar pero es increíblemente demandante y extenuante llegar a puerto. Aún así, es un proceso que deja mucho aprendizaje y recuerdos para el futuro.

Una idea y nada más

Mi primer portafolio nació como una tarea académica en 2014. Un proyecto bastante rudimentario creado en Behance que solo mostraba resultados de cátedras y uno que otro mono que alguna vez dibujé mientras estaba en clases. Desde aquel entonces, he estado ideando un portafolio nuevo cada vez que el tiempo me lo permite. Algo que siempre terminaba en una «idea» y nada más.

Primeros conceptos creados entre 2013—2018.

Un portafolio es imprescindible, pero es de esas tareas que uno siempre termina postergando. Es un proyecto al cual debes dedicarle tiempo si o si. En la práctica parece algo simple: «solo tienes que subir tus trabajos» pero es más fácil decirlo que hacerlo. Requiere de mucha paciencia, sobre todo si ha pasado un tiempo considerable entre proyectos que demuestra cuánto ha cambiado tu percepción.

Quieres cambiar todo, nada te gusta, etc.

«Uf, esto es demasiado trabajo, otro día lo termino»

Y así uno repite la misma frase por meses e incluso con el paso de los años.

Volver a comenzar

Eso era lo que pensaba hasta fines de 2019. Pero a principios de 2020 mi percepción del tiempo cambió y así también lo hizo mi forma de procrastinar. Ver cómo se me pasaban los días encerrado, perdiendo oportunidades, lentamente apagando mi imaginación. En mi constante afán por mantenerme útil, solo me enfocaba en freelance y nada más.

Durante este período coleccioné algunos proyectos que tenía olvidados, otros que hice para mantenerme ocupado durante las cuarentenas. Siempre tenía excusas respecto a mi portafolio, pero ahora no seguiría perdiendo el tiempo, simplemente había que terminarlo de una vez por todas. No solo para potenciar mi perfil profesional pero por mi propia sanidad mental.

Prototipo semi-finalista.

Discutimos la idea con un amigo hasta que finalmente nos motivamos y pusimos manos a la obra. Cada uno trabajaría en su propio portafolio y compartiríamos nuestros avances. En mi caso trabajé en varios conceptos previos y reglas para tener una idea clara de antemano.

1. Solo resultados: Antes solía llenar la pantalla explicando cada decisión. No solo es inseguridad pero también hace que el proyecto final sea aburrido y plano, sin posibilidad de abstracción. Opté por limitar la cantidad de piezas e información.

2. Solo lo esencial: Otro de mis errores constantes era llenar de proyectos de todo tipo y calidad para demostrar un portafolio diverso. De esos 20 proyectos solo 4 eran interesantes, el resto era solo relleno. Descarté un montón de material obsoleto.

3. El contenido es rey: Como diseñador es natural querer tener el control de la estética en todo momento pero el contenido siempre debe tener la mayor prioridad. Puedo cambiar el diseño mil veces pero el contenido debe ser lo que perdure en el tiempo.

Conclusiones

Esto es como una cápsula del tiempo. Presentar una nueva versión de un sitio personal o un portafolio es algo que siempre miro con nostalgia. Con tanta prisa y trabajos se tiende a olvidar el contexto. Es algo que suena absurda pero son recuerdos genuinos que siempre vuelven a futuro. Puedes revivir los cambios de etapas en tu vida o estilos creativos, transiciones, motivaciones, etc.

Han pasado 8 años desde mi primer concepto de portafolio y un montón de prototipos, pero me atrevo a decir que esta es la versión 1.0 real después de tanto tiempo de incertidumbre y experimentación.